Espero que te rompan el corazón

Les puedo contar esto porque yo hago lo mismo: tengo una amiga que siempre vuelve a mí cuando termina con su novio.

Según lo triste de la ruptura es el tiempo que tarda en llamarme, si el tipo la engañó, me llama esa misma noche; si pelearon fuerte, a los dos días; si ella lo terminó a él se tarda tres semanas pero nunca falla. Se queda en mi casa el fin de semana y yo escucho y hago lo que sea necesario con tal de que se sienta mejor. Por tradición, en las mañanas, la víctima del desamor puede dormir más mientras al otro le toca hacer el desayuno. Nos gusta esa dinámica porque las reglas son simples: no podemos reclamar cuando uno de los dos empieza una relación que tiene pinta de ir en serio. Está de más señalar que enamorarse uno del otro queda prohibido, nos pasó una vez y casi se va todo a la mierda; y si en el momento de la ruptura el otro tiene pareja, no se puede interferir, habrá que respetar y buscar consuelo de otra forma y en otro lado. Lo nuestro es privado, es para nosotros. Por eso nos funciona.

Esta vez ella está saliendo con alguien. Acaban de postear su primera foto juntos: una imagen casi ficticia, donde los dos viven un atardecer de tonos amarillos y violetas sobre un techo en la ciudad. El viento los despeina, están tomados de las manos, ella mira hacia el frente con inocencia y él sin dejar de mirarla parece convencido de que el paisaje no le compite en belleza. Hay esperanza en sus ojos, se les notan las ganas y el deseo burbujeante. Reconozco en su rostro que se siente lista para creer en él. Ambos tienen el semblante pulcro, sin sombra alguna de haber peleado. Esa foto indica que terminó su periodo de luto conmigo y debo dejar de buscarla.

Una parte de mí quiere que duren para siempre porque es una mujer que vale la pena, y que con paciencia y cariño me ha sacado de las peores tristezas más de una vez; pero hay otra parte de mí más oscura y egoísta, que desea con muchas ganas que el novio sea tan imbécil como los anteriores, que no sepa valorarla y que la haga sentir triste y que la haga llorar o que peleen mucho o que la decepcione tanto que cuando se callen los gritos, ella no dude ni un instante en llamarme. Esa parte de mí, es la que me hace mentirle descaradamente diciéndole que espero que sea feliz.

Lo que no le digo es que prefiero que sea conmigo.

Casa de locos

Quien ha escuchado un disparo sabe que en las películas exageran: el cuerpo nunca sale disparado hacia atrás como si lo aventaran, el sonido es fuerte pero no ensordecedor y el cerebro no pinta de rojo la pared. Lo que pasó más bien fue lento, casi torpe. La silla crujió un poco con el peso del hombre que tuvo tiempo de sentarse antes de morir.

Hice una mueca involuntaria de asco que recompuse de inmediato antes que alguien lo notara.

“Nunca perder el control.

Nunca arrepentirse.

 Nunca dañar la pintura.

Nunca creer que algo es especial.”

Mis compañeros y yo nos abalanzamos sobre el cuerpo para acomodarlo, quitamos las arrugas que se hicieron en la alfombra y ordenamos lo mejor posible el despacho.Yo entrecerré las persianas, prendí la luz de la mesita y alineé la placa metal que identifica al dueño del escritorio: José León Caballero. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Nos faltaban cuatro museos más y apenas era media noche.

Mañana no quedará un solo Goya en Madrid.