La sal que quedó en el suelo

Dolerá

y dolerá como nunca.

Dolerán las muelas,

los brazos,

Incluso los tendones que llegan del cuello a la boca.

La boca, mi boca.

Me dolerá pero no podré seguir.

Me dolerá pero tendremos que partir.

Y mi cabeza se partirá también.

Y mi alma se secará por partes.

Y dolerá.

Dolerá tanto

que se tensará la espalda, desde lo alto hasta lo bajo,

Lo más bajo, lo que sostiene todo.

Lo más bajo y lo más cansado.

Me dolerá ver que te alejas,

me dolerán los pies por impedirles que te sigan,

lo mismo las manos para no detenerte,

lo mismo los ojos,

el pelo, el cielo…

Lloverá

Y te irás

o me iré.

Es eso

o terminar odiando lo que hemos dejado tras doblar la esquina de cada pelea,

los últimos jirones que nos quedan de piel.

La sal que dejó un lágrima que llegó hasta el suelo.

El último aliento,

la vocal del final,

la luz del pasillo

que se tendrá que apagar

Y dolerá.

Y sanará.

Pero hoy dolerá.