La sal que quedó en el suelo

Dolerá

y dolerá como nunca.

Dolerán las muelas,

los brazos,

Incluso los tendones que llegan del cuello a la boca.

La boca, mi boca.

Me dolerá pero no podré seguir.

Me dolerá pero tendremos que partir.

Y mi cabeza se partirá también.

Y mi alma se secará por partes.

Y dolerá.

Dolerá tanto

que se tensará la espalda, desde lo alto hasta lo bajo,

Lo más bajo, lo que sostiene todo.

Lo más bajo y lo más cansado.

Me dolerá ver que te alejas,

me dolerán los pies por impedirles que te sigan,

lo mismo las manos para no detenerte,

lo mismo los ojos,

el pelo, el cielo…

Lloverá

Y te irás

o me iré.

Es eso

o terminar odiando lo que hemos dejado tras doblar la esquina de cada pelea,

los últimos jirones que nos quedan de piel.

La sal que dejó un lágrima que llegó hasta el suelo.

El último aliento,

la vocal del final,

la luz del pasillo

que se tendrá que apagar

Y dolerá.

Y sanará.

Pero hoy dolerá.

Sueño.1

En verdad soñé esto, que haya acabado con forma de poema es totalmente fortuito.

Sueño que me llamas
para reparte algo
una fuga, nada extraño;
abres la puerta de una casa
para mí desconocida
no dices palabra,
yo tengo claro lo que pasa…

Siempre me ha gustado protegerte,
arreglar lo que se estropea,
jugar a ser tu héroe,
descubrirme en lo que queda.

Hay un fantasma en el fondo
cambia entre nuestra forma
tiene mi rostro
pero ve con tus ojos
tiene tu boca
pero habla con mis labios
nos mira con desprecio
con indiferencia
con hastío
ha vivido miles de días
y no lo hemos comprendido.

Guardo las herramientas,
busco la salida
tú ya no me acompañas
afuera es un día soleado
y mi fantasma espera.