La sal que quedó en el suelo

Dolerá

y dolerá como nunca.

Dolerán las muelas,

los brazos,

Incluso los tendones que llegan del cuello a la boca.

La boca, mi boca.

Me dolerá pero no podré seguir.

Me dolerá pero tendremos que partir.

Y mi cabeza se partirá también.

Y mi alma se secará por partes.

Y dolerá.

Dolerá tanto

que se tensará la espalda, desde lo alto hasta lo bajo,

Lo más bajo, lo que sostiene todo.

Lo más bajo y lo más cansado.

Me dolerá ver que te alejas,

me dolerán los pies por impedirles que te sigan,

lo mismo las manos para no detenerte,

lo mismo los ojos,

el pelo, el cielo…

Lloverá

Y te irás

o me iré.

Es eso

o terminar odiando lo que hemos dejado tras doblar la esquina de cada pelea,

los últimos jirones que nos quedan de piel.

La sal que dejó un lágrima que llegó hasta el suelo.

El último aliento,

la vocal del final,

la luz del pasillo

que se tendrá que apagar

Y dolerá.

Y sanará.

Pero hoy dolerá.

Tuvimos todo esa tarde

Cómplices nubes sin agua,

peatones groseros con prisa y

libros de viejo en rebaja.

Coincidimos en lo absurdo

que fue crecer con el milenio,

de inventar excusas tontas,

de ocultarse en pretensiones.

Pude leer en tus ojos

lo que no sabías contarme,

y viste en mi pasado

lo que amenaza con ahogarme.

Un tiempo intermitente,

la moral olvidada

promesas como anzuelos,

besos de carnada.

Tuvimos todo esa tarde,

solo nos faltó una cosa:

Que después de todo eso,

me invitaras a quedarme.